Hubo una vuelta en la que perdí la cuenta de vueltas dadas en la cama bajo el pensamiento: o vendo vicios o compro virtudes. Las vueltas no las daba por no poder dormir, sino mi girar era para equilibrar mi cuerpo y levantarme. Las noches de exceso traen mañanas de resaca, de noches con sol, de agujetas sexuales, de sexo matinal... ¿Por qué tendré casi todos los vicios menos el de ir a misa y los juegos de azar?
No voy a alardear de mis vicios, que podría. De hecho estoy orgullosa de todos ellos. Bueno quizá podría dormir menos, pero eso significaría drogarme más. Tiene que existir equilibrio. En su día cometí el error que hoy expongo: El no respetar los vicios ajenos.
-Caso 1: Hombre de cuarentaitantos, putero y divorciado. Antes de divorciarse también visitaba lupanares. Se escandaliza de mi libertad sexual consentida. Ninguno de los dos tenemos sexo sólo para reproducirnos. Eso sí, otros vicios nos unen.
-Caso 2: Hombre de veintitantos, sumiso, soltero y retraído sexualmente. Se escandaliza de que folle con otro delante de mi pareja y que mi amiga travesti le gusten las chicas.
-Caso 3: Me escandalizo de que a un hombre le guste el juego. De niña jugaba a las sillas, luego empecé a jugar a las camas.
Seré socialista por una vez en mi vida, me arriesgaré a la excomunión: "El que esté libre de culpa que tiré la primera piedra" (By un iluminado de un dios). Sólo vemos la paja en el ojo ajeno. Todos tenemos vicios, algunos hasta tienen virtudes. Pero señores: rock&roll no es sólo música, sino una variación de pareja y de postura sexual. Nos escandaliza cuando los demás varían sobre la profia filosofia de sexo, drogas y rock&roll. Ya lo cantaba Doble V: Vicios y placeres que nos subyugan ¿Cúal es el tuyo?. Tal vez escribes, bebes, fumas... Criticar los vicios ajenos es una forma de perder el respeto a los propios, cabe recordar lo que cuesta forjarlos. Los vicios hay que controlarlos, admitirlos y disfrutarlos.
Mis respetos,
Dilda




